lunes, 13 de febrero de 2017

RECUERDO

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Después de su partida ella siguió amando 
su recuerdo. Las tardes a la orilla de la playa, 
el arrullo de la olas y la suavidad en que tocaban 
sus pies, el calor del señor sol.

Escuchaba las mismas canciones, iba 
a los mismos lugares, como si una parte de él 
siguiera latiendo escondido por ahí. No podía 
olvidar lo profundo de su mirada, las caricias 
de sus manos, la suavidad de sus labios.

Amaba su recuerdo. El recuerdo de un hombre 
que en poco tiempo había cambiado su vida. 
Quién le había devuelto el deseo de vivir, quién 
la había sacado de esa tumba fría llamada "Soledad".

Si tan solo él hubiera sabido lo que ella lo amaba 
quizás 
hubiera sido suficiente para no irse. Para prolongar 
ese último beso hasta la caricia de un nuevo amanecer 
donde los cuerpos se confundiesen.

En su memoria habitaba cada uno de los segundos 
que compartieron su alma, los "te amo" desbordados, 
los besos que robaron uno al otro en medio de sonrisas, 
la sensación de paz que tanto anhelaban sus corazones.

El irse no lo alejó por el contrario, ella lo cobijó
 
en lo más profundo de su alma, en ese rincón donde 
nacen los latidos que regalan vida, que ofrecen consuelo, 
que hace que algunos seres que tuvieron la fortuna 
de haber sido amados, no perezcan.

Ale Barajas

Recuerdo
Noches de soledad
68-72-17

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