miércoles, 19 de agosto de 2015

LIBRE

















Quería que supieras
que mi daño es algo que solo elijo yo.

Que me dejo mecer por tus empujones
como si fueran viento que me coloca lejos de ti
porque todas mis puertas están abiertas
y yo soy libre.

Que el odio
es el disfraz de una piel, el reverso de un cuerpo,
y desde lejos
tu cara se intuye del revés,
perdida,
y no hay nada peor que sentirse perdido
dentro de uno mismo.

Que tus intentos de quebrarme el paso
solo consiguieron hacerme pisar más fuerte,
y cuanto más lejos te colocas
más cerca estoy de mí misma.

Que quisiste taparme los ojos
y hundirme,
pero mi mirada está más cerca del mar
que de tu suelo.
Y te lo repito:
soy libre.

Que solo aquel que entiende mi silencio
merece mi palabra,
y tú hace tiempo que dejaste de comprender
que lo que difiere entre un hogar
y un sitio al que volver
es la puerta abierta.
Tu puerta cerrada
es la entrada a mi casa.

Que quisiste quitarme todo
y te quedaste sin mí.

Que mi risa fue tu risa
y algún día nuestras lágrimas fueron una,
pero dejaron de hablar el mismo idioma
cuando tus sonrisas
fueron balas contra mi pena,
cuando tu tristeza
arremetió ahogada contra mi alegría.

Que siempre colocaré la verdad
frente a mis huellas,
que no daré respuestas
a quien no acepta mis preguntas,
que no iré a aquel lugar
en el que no me reconozca,
que no daré la mano
al que me señala con el dedo.

Que nunca me perdiste:
dejaste que me fuera,
que es la peor forma que existe de abandono.
Para el que se queda.
Y esa será tu mayor condena.

Pero no,
no diré nada que enturbie mi paz,
que moleste la duna calmada
que reside en mi conciencia.

Mejor me voy
sin decir nada que no sea un espacio vacío
-lo que te mereces: nada-,
porque irse en silencio hace más ruido
que cualquiera de tus gritos.

Y yo ya he pasado de canción.

- Elvira Sastre -

CUANDO UNO SE MARCHA



























Cuando uno se marcha,
se da cuenta de que hogar no es de donde vienes
ni a donde vas.
Llevamos la casa a cuestas,
y a veces son tan empinadas y estrechas
que la abandonamos a mitad de camino.

Por eso,
cuando nos perdemos a nosotros mismos
cuesta tanto sentirse a salvo.

Cuando uno se marcha
y vuelve al tiempo,
lo hace con otro color de ojos,
con un peso diferente en las manos,
con un sabor distinto en la espalda,
con un corazón que late en emigrante.

Cuando uno se marcha
y regresa,
se encuentra con un lugar maquillado y extraño,
una ciudad puesta en gala para otros,
como esa chica a la que rechazamos
y se vuelve, de repente,
un ser precioso y no apto para nosotros.

La relación entre un emigrante voluntario
y su ciudad de origen
es como la de una pareja que creció junta
y quiso amarse toda la vida para abandonarse después:
los residuos de un amor que se presentaba eterno
y de una ruptura que se declaró inevitable.


Elvira Sastre

A TI PODRIA DECIRTE

























A ti podría decirte
que si algún día me abandonas
me colocaré delante,
justo en ese preciso lugar
que no te permita nunca
mirar hacia atrás con pena.

A ti podría decirte
que has de saber que ya ocupas mis ojos,
que llevo tu risa incrustada en mis arterias,
que no hay lugar en mi cuerpo en el que no quepa tu pena,
que cuando no tengas un sitio al que volver
pienses que tienes abiertos todos mis huecos.

A ti podría decirte
que si un día te sientes perdida
dentro de ti misma,
daré con la solución a tu laberinto
abriéndome el pecho
y poniéndote delante,
justo en ese lugar donde hablo tanto de ti
que no te costará esfuerzo reconocerte
y volver a encontrarte.

A ti podría decirte
que para mí
cualquier lugar
es mi casa
si eres tú
quien abre
la puerta.

Elvira Sastre

miércoles, 12 de agosto de 2015

POEMA DE LA CULPA




Yo la amé, y era de otro, que también la quería.

Perdónala Señor, porque la culpa es mía.

Después de haber besado sus cabel os de trigo,

nada importa la culpa, pues no importa el castigo.

Fue un pecado quererla, Señor, y, sin embargo

mis labios están dulces por ese amor amargo.

El a fue como un agua callada que corría...

Si es culpa tener sed, toda la culpa es mía.

Perdónala Señor, tú que le diste a ella

su frescura de l uvia y esplendor de estrella.

Su alma era transparente como un vaso vacío.

Yo lo l ené de amor. Todo el pecado es mío.

Pero, ¿cómo no amarla, si tú hiciste que fuera

turbadora y fragante como la primavera?

¿Cómo no haberla amado, si era como el rocío

sobre la yerba seca y ávida del estío?

Traté de rechazarla, Señor, inútilmente,

como un surco que intenta rechazar la simiente.

Era de otro. Era de otro, que no la merecía,

y por eso, en sus brazos, seguía siendo mía.

Era de otro, Señor. Pero hay cosas sin dueño:

Las rosas y los ríos, y el amor y el ensueño.

Y ella me dio su amor como se da una rosa,

como quien lo da todo, dando tan poca cosa...

Una embriaguez extraña nos venció poco a poco:

ella no fue culpable, Señor... ¡ni yo tampoco!

La culpa es toda tuya, porque la hiciste bella

y me diste los ojos para mirarla a ella.

Toda la culpa es tuya, pues me hiciste cobarde

para matar un sueño porque l egaba tarde.

Sí. Nuestra culpa es tuya, si es una culpa amar

y si es culpable un río cuando corre hacia el mar.

Es tan bella, Señor, y es tan suave, y tan clara,

que sería un pecado mayor si no la amara.

Y, por eso, perdóname, Señor, porque es tan bella,

que tú que hiciste el agua, y la flor, y la estrel a,

tú, que oyes el lamento de este dolor sin nombre,

¡tú también la amarías, si pudieras ser hombre!

José Ángel Buesa

viernes, 7 de agosto de 2015

AFORTUNADA




No creo que exista un momento tan perfecto 
como el hecho de que te encuentres conmigo. 
Tú me has enseñado que un fracaso 
no implica que todo esté perdido.

Aprendí de ti, que empezar el día con una sonrisa 
en tu cara o en tu alma, todo lo cambia y lo repara. 
También, que si mantenemos las manos cerradas 
por enojos, no podemos recibir de la vida 
la bendición del perdón.

Me enseñaste a que existen bendiciones escondidas, 
que todo lo que nos pasa nos eleva el espíritu 
hacia nuestro creador. Que existen hombres buenos 
que nos recuerdan el motivo de la vida, y que no hay 
regalo más grande que el amor.

Olvidas con tanta facilidad mis errores, que considero 
que tienes un alma de niño todavía. Sostienes mis manos 
con todo tu amor que es difícil no amarte.

Contigo no existen fechas especiales, siempre es el tiempo 
adecuado para darnos y dar. Aceptas como soy y me amas 
en la imperfección de mi ser. Tomas lo bueno de mí 
y lo magnificas, siendo suficiente para darle vida a este amor.

Vas tejiendo en mi alma, hilitos de amor que llegan 
a un cielo bondadoso. Me permites equivocarme sin reproche, 
me cubres mis faltas con tu inagotable amor.

Soy afortunada al tenerte y no creo que exista un momento 
tan perfecto que el hecho de estar junto a ti, descubriendo 
cada día mi alma y mi amor que has vuelto infinito.

Ale Barajas

miércoles, 5 de agosto de 2015

CUANDO MI SER DESCANSE...



Cuando mi ser descanse eternamente
y se eleve mi alma hacia el cielo,
será la estrella de David que llevo en mi cuello,
la que me guie hasta donde tú estás.

Ahí renacerá el amor que tengo,
pues lo he guardado como una semillita en mi interior,
encontraremos un lugar donde los ángeles nos den permiso,
a decir "Te quiero" desde el corazón.

En mi memoria se habrán olvidado las penas,
por fin encontraré de mis pecados, el perdón,
comenzará de nuevo nuestra historia,
una historia de verdadero amor.

No habrá lágrimas, sólo alegrías,
te tomaré entre mis brazos con devoción,
me reconocerás en la calidez de mi abrazo
y de tus ojos renacerá sin penas, la ilusión.

Ale Barajas

sábado, 1 de agosto de 2015

SOY UNA SINVERGÜENZA!!

























Me enseñaron a avergonzarme de mi cuerpo, 
de mis 
actos, de mis pensamientos. Me enseñaron que lo que 
pienso es absurdo, que lo que hago es ridículo, que 
lo que deseo es sucio. Y aprendí a no decir lo que 
pensaba, por vergüenza de que alguien a mi alrededor 
pensara algo mejor. Y aprendí a no hacer lo que me apetecía, 
por vergüenza de que alguien a mi alrededor creyera 
que era inoportuno. Y aprendí a no perseguir lo que 
deseaba por vergüenza de que alguien a mi alrededor 
opinara que era inapropiado. No contenta con someterme 
a la mirada externa, me plegué también a la vergüenza ajena. 
Y aprendí a preguntarle a la vergüenza ajena cómo vestirme, 
no vaya ser que alguien pensara que voy buscando gustar, 
destacar. Y aprendí a escucharle a la vergüenza al desnudarme, 
no vaya ser que me sintiera cómoda en mi cuerpo, y me 
acostumbrara a enseñar(me)lo sin miedo. Y aprendí 
a consultar con la vergüenza antes de abrir la boca, no vaya 
a ser que dijera sin filtro lo que me pasa por la cabeza, 
y se enterara la gente. Y dejé de bailar, de reír a carcajadas, 
de rascarme el trasero, de preguntar lo que no entiendo, 
de opinar lo que pienso, de compartir lo que siento, de pedir 
ayuda, de ponerme faldas, de ir a la playa, de comer 
o llorar en la calle, de ir sin sujetador, de pintarme, de salir 
sin pintar, de bajar a la calle despeinada, de usar esa ropa 
que dicen que no me pega nada, de llamar a quien echo 
de menos, de tomar la iniciativa, de decir que no, de decir 
que sí, de quejarme, de vanagloriarme, de estar orgullosa, 
de admitir que estoy asustada. Y, a base de sentirme cada día 
más avergonzada, entendí que mi vergüenza nunca iba a 
sentirse saciada. Que toda la vida iba a interponerse entre 
yo y mi representante impostada. Así que busqué a mi 
sinvergüenza interna. Y le costó salir un poco, le daba 
vergüenza. Pero acabó sacándome a bailar, haciéndome dúo 
al cantar, saliendo conmigo a la calle con la cara sin lavar, 
animándome a hablar, a ignorar las cosas que me deberían 
avergonzar... Y ahora no tengo tiempo para sentir vergüenza. 
Estoy ocupada viviendo.

- desconozco su autora -