sábado, 18 de agosto de 2018

LA PUERTA ABIERTA

























Siempre que conozco a alguien, 

dejo la puerta abierta adrede.
Es una manía, quizás no tan absurda 
como pensaba antes. Llega alguien 
y no desempaco. Llega alguien 
y siempre digo adiós. Llega alguien 
y trato de no enredarme mucho.
Todos se van. Unos antes de las doce, 
otros luego de las nueve de la mañana. 
Pero todos por una extraña razón, 
no soportan estar en mí por mucho 
tiempo. No sé si es por que hay días 
que quiero saber qué piensan, o si es 
que les gusta mis silencios, o mis colores. 
La verdad nunca he entendido por qué 
se van. Si es que se cansan de decir 
mi nombre, o se aburren de mis rutinas. 
Si es que no tienen la paciencia 
de descubrirme, o es que no pueden 
descifrarme los misterios. De hecho, 
hay veces que ni lloro, sí por dentro 
el alma se conmociona, pero hay días 
que cuando noto que alguien se va, 
no derramo ni una lágrima y me repito: 
Yo sabía que esto iba a suceder. No espero 
que se queden, y cuando alguien se queda 
más tiempo del que preveo, me asusto, 
me da vértigo. Miro el reloj, me miro yo, 
y justo cuando comienzo a abrir la maleta, 
se va. (como siempre, me repito)
Todo se van; por eso es que dejo 
la puerta abierta.


Ideas Viajando (Cap. 2014 pág. 226 de 365)

(M. Sierra Villanueva)

Ideas Viajando

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