
Las palabras que suben a mis labios
sabor a moras tienen y a duraznos.
Ellas siempre te nombran bienamado.
Donde quiera que estés mi voz te alcanza.
Por ella corre el agua de los ríos
y se endereza el lirio de los campos.
Así te quiero amar en esta tarde.
Morada de jazmines yo te haría.
Desde siempre te amo bienamado
y en tus ojos encuentro mi refugio.
Con círculos de fuego te bautizo
en la hora mortal en que titila
el lucero desnudo en su silencio.
A la medida de tus manos blancas
están mis senos hechos compañero.
Delfina Acosta
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